"Llamado a algunos doctores" [quechua - castellano], por José María Arguedas
Dicen que ya no sabemos nada, que somos el atraso, que nos han de cambiar la cabeza por otra mejor...
"Vallejo en París" / Entrevista de Antonio Ruiz Vilaplana
(La Cena Miserable - Adriana Alvarado Alfaro) Hace días quedamos en encontrarnos en Le Dome (“Mallarmé” le llama Vallejo) y sólo puso una condición para acceder a esta entrevista. Todas las preguntas las debería él de contestar usando sus escritos...
"Carta de Amor, de César Moro", por Mario Vargas Llosa
Cuando Moro llegó a París los surrealistas estaban en su época de oro: había abofeteado, simbólicamente, el cadáver todavía tibio de Anatole France...
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5 oct 2015
19 ago 2015
19 ene 2015
"Una crónica incaica", por César Vallejo
Un día, durante las fiestas del "huaraco", realizábase en la Sutipampa una de las postreras ceremonias para armar caballero a 800 jóvenes del Imperio cuya preparación militar había terminado. Allí estaba el magistrado de gesto tranquilo, donde latía el signo de la justicia; el "amauta" severo y pensativo, cruzada la amplia túnica verde a uno de los hombros; el general de recta mirada, con un penacho septicolor y sus sandalias de plata, que conocieron fragosas y occideras regiones; los tristes "arabicus" de azules vestiduras con hilados de áloes en forma de rutilantes insectos del Norte; el ermitaño taciturno, venido de las "paccarinas" lejanas; los "rumaypachaccas"; aún tostado el rostro por el reciente viaje desde el turbulento Pangoa o desde el lago Titicaca, a cuyas orillas crecen los maíces del Inca, de granos milagrosos... tenía el Inca a su derecha al Supremo Villac vestido de blanca lana esquilada a las alpacas del Hatum.
8 nov 2014
"Reflexiones acerca de la educación del adolescente", por Julio Chiriboga
Prácticamente, el fin último que persiguen nuestras escuelas, colegios y universidades es el examen; y la esencia, cifra y compendio del examen es la nota. Los números que la traducen dejan de ser entidades abstractas y se convierten en curiosos geniecillos, íntimamente vinculados con la vida de alumnos, padres y maestros. El alumno estudia por la nota; el éxito del maestro se mide por la nota; los padres sólo se preocupan de la nota. La nota, siempre la nota, de uno a otro confín de nuestro campo educacional.
La nota es el síntoma de nuestra pésima orientación educativa. Revela un señorío alarmante del intelectualismo rutinario.
26 ago 2014
"Poemas" de José Carlos Orrillo
| Fotografía de José Carlos Orrillo - Guardianes (Cerro Blanco de Moche, Trujillo, La Libertad) |
HOY
La planta sagrada
En el torrente de mi sangre
Hoy
Palpitación intensa
Gratitud incansable...
24 ago 2014
"Vicentito Cabral" de Alejandro Benavides Roldán
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(Cuento ganador de la I Feria del Libro de Trujillo)
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Fue el año de las lluvias cuando todo se tiñó de negro y cayó el agua tan interminablemente que nada quedó seco, ni siquiera el interior más recóndito de lo que ayer nomás fue el soleado Tumbes.
Se sabía de la mañana por cierta claridad grisácea. Todo estaba cubierto de una hojarasca espesa y de un musgo ácido, gomoso y fermentado que las lluvias del día se encargaban de lavar y que se repitieron cien veces consecutivas antes de que se abriera el cielo y dejara aparecer un sol brillante que empezó a pudrirlo todo.
12 ago 2014
"La locura en el arte", por César Vallejo
París, diciembre de 1927
LA CONDESA de Noailles tiene su violín de Ingres en las pintura. Max Jacob y Francis Picabia tienen el suyo también en la pintura. Charles Chaplin tiene el suyo en la composición musical. Linbergh tiene el suyo en el canto. Los senadores de Francia tiene el suyo en el canto. Los senadores de Francia tienen su violín de Ingres en la pelota vasca, y los diputados, en el dibujo. Marritte de Rauwera tiene su violín de Ingres en la danza clásica. Los sordomudos lo tienen en la escultura y los locos en la pintura. Fénomeno corriente es el violín de Ingres, porque el hombre no entrega nunca sus dos brazos a una sola vocación, sino que reserva siempre el izquierdo para lo que por un instante pudo haber sido.
"Los animales en la sociedad moderna", por César Vallejo
París, agosto de 1929
El LIBRO de Paul Eluard, Los animales y sus hombres, nos ha hecho pensar un buen rato en las relaciones del hombre con las bestias. El solo título del libro nos ha dado más de una cosquilla reflexiva. A otro autor, que no fuese superrealista, no se le habría ocurrido semejante inversión de las categorías estéticas del hombre y de los animales. Los más racional y hasta científico, le habría parecido un título que dijese: Los hombres y sus animales. Pero la sorpresa superrealista del título que nos ocupa, reside, precisamente, en haber sacado a la luz una ecuación dialéctica del reino animal, superior e invisible para el ojo corriente o "realista". En efecto, para un criterio lógico o, mejor dicho, rutinario, y para cualquier transeúnte, la supremacía estética del hombre sobre los otros animales, no puede ponerse en duda, ya que ella emana de su propia supremacía natural. En cambio, para una sensibilidad libre, nueva y despojada de los anteojos de todo atavismo filosófico, como la de un superrealista, la jerarquía estética y aun natural del hombre y de las bestias, no es siempre idéntica. En ocasiones, el hombre puede ser un elemento estético superior y un ser natural superior y, en ocasiones, una rana o un mochuelo puede aventajarle irremisiblemente, no sólo desde el punto de vista fisiológico o sensorial, sino desde e punto de vista psicológico.






















